En los viñedos viejos de Loxarel, en el Pla de Manlleu, el invierno es tiempo de silencio, tijeras afiladas y mirada atenta. Durante la fase de reposo vegetativo, cuando la vid descansa, aplicamos la poda de respeto, una técnica que pone en el centro la salud y la longevidad de la planta. Lejos de podar de manera mecánica, observamos la arquitectura de cada cep y actuamos con precisión, teniendo en cuenta su historial de heridas, el flujo de savia y su equilibrio natural.
La poda de respeto busca minimizar los cortes grandes y preservar los canales internos de circulación de savia. Esto significa realizar cortes pequeños, bien ubicados y coherentes con el crecimiento anterior, evitando interrupciones bruscas que puedan favorecer enfermedades de la madera. De este modo, la poda acompaña a la vid a lo largo del tiempo, respetando su estructura y ayudándola a mantener un sistema vascular vivo y funcional.
Aplicar este método en los viñedos viejos del Pla de Manlleu no es solo una decisión técnica, sino también filosófica. Nos permite alargar la vida productiva de los ceps, mejorar su equilibrio vegetativo y favorecer una maduración más armoniosa de la uva. El resultado es un viñedo más resiliente y unos vinos que expresan con mayor precisión el paisaje y la identidad de este entorno privilegiado.






