La vinificación en ánforas o el regreso a los orígenes con una mirada contemporánea

En Loxarel apostamos hace más de quince años por recuperar el uso de las ánforas de barro en el proceso de vinificación. En aquel momento se trataba de una práctica poco habitual en el sector, lo que nos situó como pioneros en la reintroducción de este recipiente milenario en la elaboración de vinos contemporáneos. El ánfora es, de hecho, el primer recipiente documentado utilizado para vinificar y almacenar productos como el vino o el aceite. Su recuperación no responde a una voluntad nostálgica, sino a una búsqueda consciente de coherencia entre el trabajo en el viñedo, basado en prácticas ecológicas y biodinámicas, y el proceso de elaboración en la bodega. Una voluntad de evolucionar con la mirada puesta en los orígenes que nos definen.

 

El barro es un material poroso que permite una microoxigenación natural del vino. Esto favorece una evolución pausada y equilibrada, sin aportar aromas externos, a diferencia de lo que sucede con otros recipientes como la madera. El resultado son vinos que conservan una gran frescura y una expresión varietal muy pura, respetando al máximo el carácter de la uva y de su origen.

Coherente con la agricultura ecológica y biodinámica

Esta manera de trabajar encaja plenamente con nuestra apuesta por una viticultura ecológica y biodinámica, basada en la observación y el respeto por los ritmos naturales de la viña y los ciclos lunares. Entendremos la vinificación como una continuidad de este trabajo en el viñedo: intervenir lo mínimo posible para permitir que el vino se exprese con autenticidad. La vinificación en ánforas es, por tanto, una herramienta al servicio de un objetivo claro: elaborar vinos honestos, que reflejen fielmente su origen y el trabajo realizado en la viña.

Carrito de compra
Scroll al inicio